Soeurs Mariale Missionnaires,Tout à Toi Marie

 D'Argentine, du diocése de San Luis

Esclavo de la Esclava de mi Señor


Señora mía, dueña y poderosa sobre mí, madre de mi Señor, sierva de tu Hijo, engendradora del que creó el mundo, a ti te ruego, te oro y te pido que tenga el espíritu de tu Señor, que tenga el espíritu de tu Hijo, que tenga el espíritu de mi Redentor, para que yo conozca lo verdadero y digno de ti, para que yo hable lo que es verdadero y digno de ti y para que ame todo lo que sea verdadero y digno de ti.

Tú eres la elegida por Dios, recibida por Dios en el cielo, llamada por Dios, próxima a Dios e íntimamente unida a Dios.

Tú, visitada por el ángel, saludada por el ángel, bendita y glorificada por el ángel, atónita en tu pensamiento, estupefacta por la salutación y admirada por la enunciación de las promesas.
Escuchas que has encontrado gracia ante Dios, se te manda que no temas, se te confirma en tu confianza, se te instruye con el conocimiento de los milagros y se te conduce a la gloria de un nuevo milagro nunca oído.

Sobre tu prole es advertida tu pureza, y del nombre de la prole tu virginidad certifica: se te predice que de ti ha de nacer el Santo, el que ha de ser llamado Hijo de Dios, y de modo milagroso se te da a conocer el poder que tendrá el que nacerá de ti.
¿Preguntas sobre la manera de realizarse?
¿Preguntas sobre el origen?
¿Indagas sobre la razón de este hecho?
¿Sobre cómo ha de llevarse a cabo?
¿Sobre el orden en que ha de realizarse?

Escucha el oráculo nunca oído, considera la obra desacostumbrada, fíjate en el arcano desconocido y atiende al hecho nunca visto: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cobijará con su sombra. Invisiblemente, toda la Trinidad obrará en ti la concepción, pero sola la persona del Hijo de Dios, que nacerá en cuerpo, tomará de ti su carne.
Por consiguiente, lo que será concebido y nazca de ti, lo que salga de ti, lo que se engendre de ti, lo que tú des a luz, será llamado Santo, Hijo de Dios. Éste será grande, Dios de las virtudes, rey de los siglos y creador de todas las cosas.

Pero ahora me llego a ti, la única virgen y madre de Dios; caigo de rodillas ante ti, la sola obra de la encarnación de mi Dios; me humillo ante ti, la sola hallada madre de mi Señor; te suplico, la sola hallada esclava de tu Hijo, que logres que sean borrados mis pecados, que hagas que yo ame la gloria de tu virginidad, que me encuentres la magnitud de la dulzura de tu Hijo, que me concedas hallar y defender la sinceridad de la fe en tu Hijo, que me otorgues también consagrarme a Dios, y ser esclavo de tu Hijo y tuyo y servir a tu Señor y a ti.

A Él como a mi Hacedor, a ti como Madre de nuestro Hacedor;
a Él como señor de las virtudes, a ti como esclava del Señor de todas las cosas;
a Él como a Dios, a ti como a Madre de Dios;
a Él como a mi Redentor, a ti como a obra de mi redención.
Porque lo que ha obrado en mi redención, lo ha formado en la verdad de tu persona.
Él que fue hecho mi Redentor fue Hijo tuyo.
Él que fue precio de mi rescate tomó carne de tu carne.

Aquel que sanó mis heridas, sacó de tu carne un cuerpo mortal, con el cual suprimirá mi muerte; sacó un cuerpo mortal de tu cuerpo mortal, con el cual borrará mis pecados que cargó sobre sí; tomó de ti un cuerpo sin pecado; tomó de la verdad de tu humilde cuerpo mi naturaleza, que Él mismo colocó en la gloria de la mansión celestial sobre los ángeles como mi predecesora en tu reino.
Por esto yo soy tu siervo, porque mi Señor es tu Hijo.
Por eso tú eres mi señora, porque eres esclava de mi Señor.
Por esto yo soy esclavo de la esclava de mi Señor, porque tú, mi señora, has sido hecha Madre de mi Señor.

Por esto yo he sido hecho esclavo, porque tú has sido hecha Madre de mi Hacedor.
Te suplico, Virgen santa, que yo reciba a Jesús de aquel Espíritu de quien tú engendraste a Jesús; que mi alma reciba a Jesús con aquel Espíritu por el cual tu carne recibió al mismo Jesús.
Por aquel Espíritu que me sea posible conocer a Jesús, por quien te fue posible a ti conocer, concebir y dar a luz a Jesús.

Que exprese conceptos humildes y elevados a Jesús en aquel Espíritu en quien confiesas que tú eres la esclava del Señor, deseando que se haga en ti según la palabra del ángel.
Que ame a Jesús en aquel Espíritu en quien tú lo adoras como Señor y lo contemplas como Hijo.
Que tema a este mismo Jesús tan verdaderamente como verdaderamente él mismo, siendo Dios, es obediente a sus padres.
¡Oh premio extremadamente grande de mi salvación y de mi vida y al mismo tiempo de mi gloria!
¡Oh título nobilísimo de mi libertad!
¡Oh excelsa condición de mi carácter de hombre libre!
¡Oh seguridad de mi nobleza, indisolublemente gloriosa y rematada con la eternidad de la gloria!
¡Cómo yo, que fui torpemente engañado, deseo para mi reparación hacerme esclavo de la madre de mi Jesús!
¡Cómo yo, en el primer hombre separado al principio de la comunión angélica, voy a merecer ser considerado como esclavo de la esclava y de la Madre de mi Señor!

¡Cómo yo, obra apta en las manos del sumo Dios, voy a conseguir estar ligado en la servidumbre continua de la Virgen Madre con devoción de su esclavitud!

San Ildefonso
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"De Perpetua Virginitate Beatae Mariae
"

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Sobre María, la Madre de Jesús


A propósito de la Santísima Virgen, quiero confiarte una de las simplezas que tengo con ella.

A veces me sorprendo diciéndole: “Querida Virgen Santísima, me parece que yo soy más dichosa que tú, porque yo te tengo a ti por Madre, mientras que tú no tienes una Virgen Santísima a quien amar… Es cierto que tú eres la Madre de Jesús, pero ese Jesús nos lo has dado por entero a nosotros…, y él, desde la cruz, te nos ha dado a nosotros por Madre. Por eso, nosotros somos más ricos que tú, pues poseemos a Jesús y tú eres nuestra también. Tú, en otro tiempo, en tu humildad, deseabas ser un día la humilde esclava de la Virgen feliz que tuviera el honor de ser Madre de Dios; y ahora yo, pobre criaturita, soy no ya tu esclava sino tu hija.

Tú eres la Madre de Jesús y eres mi Madre».

Seguro que la Santísima Virgen se ríe de mi ingenuidad, y, sin embargo, lo que le digo es una gran verdad...” (Carta 137, a Celina).

Por Santa Teresita de Lisieux (Siglo XIX), llegó a una precoz y extraordinaria santidad caracterizada por la plena confianza en el amor de Dios y fidelidad a los pequeños deberes de cada instante. Es patrona de las misiones y Doctora de la Iglesia.

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Fui ofrecida y donada a ti


Oh María, María, templo de la Trinidad!

¡Oh María, portadora del Fuego!

María, que ofreces misericordia, que germinas el fruto, que redimes el género humano, porque, sufriendo la carne tuya en el Verbo, fue nuevamente redimido el mundo.

¡Oh María, tierra fértil! Eres la nueva planta de la que recibimos la fragante flor del Verbo, unigénito Hijo de Dios, pues en ti, tierra fértil, fue sembrado ese Verbo. Eres la tierra y eres la planta.

¡Oh María, carro de fuego! Tú llevaste el fuego escondido y velado bajo el polvo de tu humanidad.

¡Oh María! vaso de humildad en el que está y arde la luz del verdadero conocimiento con que te elevaste sobre ti misma, y por eso agradaste al Padre eterno y te raptó y llevó a sí, amándote con singular amor.

¡Oh María, dulcísimo amor mío! En ti está escrito el Verbo del que recibimos la doctrina de la vida...

¡Oh María! Bendita tú entre las mujeres por los siglos de los siglos.

Haz, oh María que nunca me salga del corazón, ni de la memoria, ni del alma, que fui ofrecida y entregada a ti.

Te pido pues, que tú me presentes y me ofrezcas al dulce Jesús, tu Hijo; y tú lo harás como dulce y benigna Madre de misericordia.

Por Santa Catalina de Siena (Siglo XIV), terciaria dominicana, llamada por Jesús a la vida mística y luego a la vida pública. Realizó obras de pacificación entre los gobernantes italianos, llamó al Papa de Aviñón a Roma. Es escritora de ascética y mística con páginas de un ardiente fervor. Es Doctora de la Iglesia.

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Madre María: toda amor, toda dulzura


Un hermoso dicho latino de San Bernardo expresa con bellas palabras la experiencia de todo cristiano al tratar de poner en palabras el amor que nuestra Madre suscita en sus hijos:

De Maria numquam satis; nunca es suficiente lo que podamos decir de María.

Nunca podemos decir todo lo que nuestro corazón comprende de esa Madre buena y bella, toda amor y toda dulzura. Los santos, quienes más que nadie saben que nunca es suficiente lo que se pueda decir de María, son sin embargo quienes mejor pueden expresar la grandeza de la Madre de Dios. En este mes de mayo, dedicado a la Virgen María, publicamos una selección de textos de algunos de los mejores de sus hijos.

Mira a la estrella, invoca a María

 

Si se levanta la tempestad de las tentaciones, si caes en el escollo de las tristezas, eleva tus ojos a la Estrella del Mar: invoca a María!
Si te golpean las olas de la soberbia, de la maledicencia, de la envidia, mira a la estrella, invoca a María!
Si la cólera, la avaricia, la sensualidad de tus sentidos quieren hundir la barca de tu espíritu, que tus ojos vayan a esa estrella: invoca a María!
Si ante el recuerdo desconsolador de tus muchos pecados y de la severidad de Dios, te sientes ir hacia el abismo del desaliento o de la desesperación, lánzale una mirada a la estrella, e invoca a la Madre de Dios.
¡En medio de tus peligros, de tus angustia, de tus dudas, piensa en María, invoca a María!El pensar en Ella y el invocarla, sean dos cosas que no se aparten nunca ni de tu corazón ni de tus labios. Y para estar más seguro de su protección no te olvides de imitar sus ejemplos. ¡Siguiéndola no te pierdes en el camino!
¡Implorándola no te desesperarás!¡Pensando en Ella no te descarriarás!
Si Ella te tiene de la mano no te puedes hundir.
Bajo su manto nada hay que temer.
¡Bajo su guía no habrá cansancio, y con su favor llegarás felizmente al Puerto de la Patria Celestial!

Por San Bernardo (Siglo XII), sus obras son de tierna devoción, de piedad afectiva y práctica, de confianza, dulzura, doctrina, de declaraciones de amor a Dios y a la Virgen, tuvieron un vastísimo eco en su siglo y en la espiritualidad sucesiva. Es Doctor de la Iglesia.

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30/06/09

formados en la fragua de su Corazon

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22/03/09

no hay mayor Amor que dar la vida, por El que se ama


Es una gran alegria para nuestro Grupo y nuestra Comunidad, el Si que Jimena, ha hecho ante el Señor.

Nos unimos de todo corazon, en la Oracion por ella y por la Comunidad de la Esclavas del Corazon de Jesus, por la persevernacia y el aumento de las Vocaciones a la vida consagrada.

La Virgen Santísima, la perfecta Consagrada a Dios y a su reino•

Es el alma consagrada sin macha ni arruga. En ella la Iglesia, esposa, ya alcanzó su perfección.

Ella es la que “conserva la fe íntegra, la esperanza firme y el amor sincero” (LG,64)en aquellos que recorren su vida consagrada dentro de su corazón. Con, en y a través de Ella, dar nuestro fiat.• Disponible en la obediencia• Intrépida en su pobreza• Acogedora en la virginidad fecunda.

y es nuestro deseo que Maria, a quien entregaste tu vida en la Consagracion a la Verdadera devocion, la que te lleve al encuentro de Jesus.

La esencia de la vida consagrada consiste en la dedicación o la total reserva de la persona para Dios. Es una entrega total deseada por Dios quien invita a la persona a un seguimiento mas de cerca, y que es aceptado, por ella, libremente y por amor, para ser total y exclusivamente para Dios y para su reino. Es un llamado a la perfecta imitación a Cristo a través de alcanzar la plena comunión con Dios y la perfección en el amor

 

http://www.ecjarg.org/

 

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La Sombra del Padre


Solemnidad de San José.
José fue la sombra de Dios Padre para Jesús

Padre Alberto María fmp

Cuando encuentras el gran parecido que un hijo tiene respecto a su padre, viene a la mente aquel refrán: «De tal palo tal astilla». O aquél otro que dice: «Quien a los suyos parece honra merece». En este caso bien podríamos afirmarlo de José, referido a Aquél que tuvo como hijo en este mundo.Realmente José supo ser astilla de un buen tronco y parecerse al Señor que lo había creado y en concreto al hijo que le había sido dado. Y todo ello siempre -como otras veces hemos indicado- todo ello siempre desde el silencio del corazón. O también desde el silencio y desde el corazón. Allí se encierra también toda la vida de José de Nazaret. En ese silencio admirativo con que, después de las primeras circunstancias, acogió la llegada de Jesús. Ese silencio admirativo con el que pasó su vida, sin duda conjeturando, enseñando a Jesús el oficio de carpintero.En el silencio del taller de carpintería tuvo que quemar muchas horas con Jesús. Los dos, uno junto al otro, palabra tras palabra, minuto tras minuto, fueron consumiendo, gastando, para la gloria de Dios, cada uno de sus días.

Ese silencio admirativo y también receptivo o receptor. Era José como una esponja que por estar próxima al agua, poco a poco se va empapando de las gotas que salpica y queda así de esa manera empapada del agua. Pienso que así quedó José empapado de Dios, conviviendo en esa proximidad con Jesús en ese enseñar al Maestro, con esa profunda timidez, con que sin duda tuvo que hacerlo reconociendo en su hijo al Mesías, al Señor.Es como lo que pasó –en cierta manera- a Juan el Bautista cuando Jesús se acercó para ser bautizado. Juan dijo: «Soy yo el que debe ser bautizado por Ti». Pues así, José también tuvo que tener muy claro que él era el que debía ser instruido por Dios. Pero el Padre Dios conducía su corazón para que enseñara las cosas de este mundo a Jesús.

Para que, gracias a él, Jesús pudiera hacer el recorrido que todo hombre lleva a cabo y para que, gracias a él y con él, estando debajo de él, sometido en obediencia a José, Jesús pudo aprender a recibir todas aquellas experiencias de vida por las que los hombres pasamos desde que nacemos.José se convirtió así, como le honramos en el Icono: José, sombra del Padre. Porque José fue la sombra de Dios Padre para Jesús. José fue para Jesús la cercanía de Dios, el silencio amoroso de Dios, ese amor escondido que -como el manantial- brota constantemente y se derrama por todo su entorno.José vivió su vida con un solo corazón con Jesús y a El le ofreció, no los mejores, sino todos los años que Dios le concedió vivir. Y tan particular fue su actitud, su entrega que, salvando estos primeros momentos del descubrimiento del embarazo de la Madre de Dios, la historia no nos ha dejado nada más.

José se convierte en uno de esos prototipos, modelos a imitar en nuestra sociedad, porque la figura de José rivaliza notablemente con la figura del hombre que propende nuestro tiempo. Tiene notables diferencias evidentemente y notables objetivos. Notables diferencias también en los objetivos a alcanzados. José partió hacia el Reino con una vida plena y los hombres hoy pululan por el mundo infelices. José se nos muestra a nosotros como el modelo de cristiano que es necesario en este tiempo nuevo, en este tiempo en el que vivimos que, a pesar de los avatares, sigue siendo para nosotros un año de gracia de Dios, un tiempo de gracia. Y José se nos presenta como ese modelo silencioso, callado, obediente, feliz, responsable.

Reúne en sí toda esa sombra de Dios Padre. Hace realidad de tal manera esa paternidad de Dios y una manera de ser y de proceder, que se intuye viendo al hijo y viendo a la madre, la esposa. Una manera de proceder que se intuye, y que ves que es la que nosotros necesitamos vivir. No hay datos, muy escasos, escasísimos. Pero: si «quién a los suyos parece honra merece». Y si «al árbol se le reconoce por sus frutos», y los frutos de la vida de José, de su forma de ser, de vivir, de tener, de amar a Dios, de vivir en el mundo son los que podemos colegir igualmente en Jesús y en María, y que son los que Dios nos propone, son los válidos para seguir a Jesús. Por eso la Iglesia quiso asumirlo como patrón, protector y guía de la Iglesia Universal, porque encierra el modelo de vida que Jesús anunció.

Porque encierra la manera de vivir del propio Jesús. Siendo solamente un hombre. Para que no se nos desvíe la atención. Hombres capaces de amar, capaces de amar hasta la obediencia final, capaces de amar hasta la entrega plena, capaces de amar hasta –si se nos permite decirlo así- «instruir al propio Mesías», desde la pequeñez de la humildad. Sabiendo que uno no puede enseñar nada. Sabiendo que el discípulo (Jesús) en este caso era superior al maestro (José) desde el principio. Pero aún sabiéndo eso, hizo lo que tenía que hacer, desde el silencio de una vida unida a Dios.Ahí tenemos todas las claves y todas las respuestas. Y José nos sitúa frente a Jesús, frente a frente, cara a cara para encontrarlo, para que aprendamos a vivir. Y, al mismo tiempo, se nos ofrece a nosotros mismos también, cómo no, como intercesor porque él es la sombra de Dios Padre.

El es la proyección de Dios Padre como la sombra es la proyección de la figura, humana o del objeto. La sombra no puede existir sin estar unida a la persona o al objeto y al mismo tiempo a la luz. En la oscuridad no hay sombras, hace falta la luz para ver y reconocer la sombra. Si miramos a Dios reconoceremos también a José. Pero si miramos a José terminaremos viendo a Dios porque la sombra está unida siempre a la luz y a la imagen que la proyecta. Por eso José es importante en la vida de la Iglesia.

Y por eso es también importante en nuestra vida. Aprendamos de él también a vivir tan cerca de la Luz, de tal manera que -siendo nosotros sombra- podamos ser referencia para los que nos rodean. Igual que nosotros viendo la sombra de José y siguiendo su ejemplo podemos descubrir la Luz y el encuentro con Dios, de esa misma manera que quien pueda un día contemplarnos no se quede en nosotros sino que fije su mirada en la Luz que hace posible la sombra y en la imagen de Aquél que la proyecta.

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